“Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad. (Filipenses 2:13)

Los deseos del Espíritu tienen destinos, así como los deseos de la carne tienen consecuencias. La Biblia dice en Gálatas 5: 16-26: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.”

Vivir para Dios

Vivir para Dios debe estar por encima de los sentimientos humanos, de lo contrario, usted no soportará las dificultades y dejará la misión de servir al Señor por amor, en el camino. Hemos visto a hombres de Dios que un día ya dieron, literalmente, la vida en el Evangelio, y perdieron el objetivo en el llamado por dejarse vencer por sentimientos, o por los deseos de la carne.

El llamado es doloroso y requiere algunas renuncias. Nadie fue llamado para ser aplaudido. Para servir a Jesús con entereza de corazón hay que hacer el camino de la Cruz. Y en ese proceso es importante saber que hay deseos dentro de nosotros que no son nuestros, son químicos divinos para cumplir el llamado que recibimos del Padre, como hay deseos que son de la carne para alejarnos del Camino, Jesús.

En Salmo 42: 1-2 David retrata lo que él sentía por el Señor. ”Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo..." Como David, tenemos que desear estar en la presencia del Padre y dedicar al Reino nuestros dones y talentos. Estos son deseos que necesitan y deben ser intensos en la vida de aquellos que aman a Jesús, como:

Desear servir

Servir es la forma de manifestar que estamos en línea con Él y conscientes de la misión que se nos ha confiado. Servir no es sólo para quien ya es líder. Jesús nos enseñó a servir, siendo nuestro modelo más grande. "... Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve?" (Lucas 22:27)

Cuando miro a los personajes bíblicos, desde Noé a Pablo, pasando por todos los notables de la Palabra, lo que me impacta es el llamado para hacer el bien a otro. Si estamos pensando en nosotros, somos egoístas y no estamos viviendo el llamado, así como no estamos siendo guiados por el Espíritu, sino por los deseos de la carne.

Tenemos que servir como Jesús, con el mismo sentimiento que pautaba la vida de Él. “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz."(Filipenses 2: 5-8)

Desear amar

¡Amar es un mandamiento! Si decidimos amar, ¡amaremos! El amor es el vínculo de la perfección. El mayor mandamiento es el amor, no podemos servir a Dios y al Reino sin desear amar. Usted no tiene la obligación que todo el mundo le simpatice, pero tenemos una ORDEN para amar a todos. Servir sin amar es hacer lo inútil y atraer resultados fallidos. El mandamiento por promesa es éste: Nos amamos. “Esto os mando: Que os améis unos a otros." (Juan 15:17)

Desear hacer

Hacer la obra mientras es de día, pues la noche viene, cuando nadie podrá trabajar más. ”Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar. "(Juan 9:4). . Es eso mismo, es desear hacerlo una y otra vez.

 Agradezca a Dios por todo lo que usted hace, y siempre busque aprender una lección. Esta es la misión de un llamado. En breve usted estará en nuevos puestos, siendo un modelo y colocado en la primera línea. A veces, usted tendrá algunas tensiones debido a ciertos quehaceres, pero eso es saludable y forma parte del llamado. La noche va a llegar, eso quiere decir que en un tiempo todo eso termina, necesitamos estar en orden para hacer la obra de un apasionado. Y aunque usted no entienda lo que está pasando y cómo están sucediendo las cosas, continúe deseando servir, amar y hacer, pues en la manera como usted sirve, usted dice cuánto ama a Dios.

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Plano de Leitura Bíblica

23 Set
I Crônicas 6
Ezequiel 19
Lucas 16
24 Set
I Crônicas 7
Ezequiel 20
Lucas 17
25 Set
I Crônicas 8
Ezequiel 21
Lucas 18
26 Set
I Crônicas 9
Ezequiel 22
Lucas 19
27 Set
I Crônicas 10
Ezequiel 23
Lucas 20
28 Set
I Crônicas 11
Ezequiel 24
Lucas 21
29 Set
I Crônicas 12
Ezequiel 25
Lucas 22