“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame." (Lucas 9:23)

Para ser un verdadero discípulo hay que vivir las innumerables enseñanzas de Jesús y, para ello, es necesario enfrentar el mundo espiritual y tomar una posición en el mundo físico.

Cuando esto no sucede, incluso líderes y discípulos maduros, pueden tener una caída dentro de su progreso espiritual, perdiendo el lenguaje del Reino y, con ello, perjudicando la comunicación. Ya no son los mismos y dejaron de lado la sensibilidad y la importancia de cosas simples, por ejemplo, el devocional.  Esto no es para admirarse, porque día tras día, vemos tantos debilitados.

Quien determina el nivel de la unción en su vida es usted mismo. Y uno de los grandes problemas de un líder o de un discípulo, pues aun cuando el líder no deja de ser discípulo, es saber hacer las cosas de forma correcta y, sin embargo, decide hacer las cosas mal. Y esos errores no suceden por falta de orientación, sino porque la gente camina con sus propios pies, en la fuerza de su brazo.

El discipulado es una guía

“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres." (Juan 8: 31-32)

El deber del discipulador es orientar a los discípulos, como Jesús lo hacía con sus discípulos. Ahora, claro que acatan si lo desean, pero no podemos olvidar las implicaciones en el reino espiritual, para generar discípulos y para formarlos según la Palabra. Para tener un liderazgo fuerte, de éxito, sanado y dinámico, necesitamos orientación, porque en el mundo espiritual libramos guerras contra el diablo y las guerras que nosotros y los discípulos pasamos tienen un origen espiritual para cada nivel.

Habrá situaciones que dependen exclusivamente de nuestra fe. Debemos plantar a los discípulos en el Reino. Muchos de nosotros tuvimos experiencias de personas que amamos, pero que se alejaron de Jesús; esto es más grave que el hecho de que algunas personas aún no hayan encontrado a Jesús, pues no tener es una cosa y perder es otra.

Necesitamos aprender con el Señor cómo generar y plantar esas vidas en el Reino, de modo que ellas fructifiquen. El Señor nos enseña, en Salmos, que un árbol debe estar plantado junto a arroyos de aguas, para que fructifique y sus hojas no caigan. (Salmos 1: 1-6)

En Apocalipsis 22: 2 está escrito: " En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones." Y en Jeremías 17: 8, leemos: "Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto.”

Discipulado es seguimiento

“Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén. "(Mateo 28: 18-20)

Es nuestro deber acompañar la vida espiritual, emocional, afectiva y material de nuestros discípulos. Esto hará del discípulo un líder de éxito. Usted debe ser el guardián de la vida de su discípulo en sus necesidades específicas. Es responsabilidad del discipulador orar, llorar, participar junto a los discípulos cuando éstos estén con problemas, para que crezcan y sean fortalecidos. El líder debe mostrar interés por los liderados y orar con ellos, ser amigo. Jesús nos da este ejemplo en Juan 15:15. “Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.”

Generar discípulos en el reino del espíritu implica cumplir básicamente tres fases: conquistar en el reino espiritual, acompañarlos según el nivel en que cada uno está y amarlos sin derecho a desistir.

1. Conquistar primero en el reino espiritual

Habrá momentos en que estaremos en Getsemaní y necesitaremos generar discípulos. Jesús, en Getsemaní, momento difícil, en el cual Él necesitaba a sus discípulos, ellos estaban durmiendo. Los discípulos de Jesús aún no tenían entendimiento sobre la necesidad de orar siempre, orar sin cesar. Los ojos de los discípulos estaban cargados de sueño y era un sueño tan profundo que no oyeron la voz del Maestro.

Sólo Jesús vio la guerra en el reino del espíritu, vio a Judas traicionarlo. Que no seamos como los discípulos de Jesús. Que podamos entrar en un nivel de oración profunda y aprender cómo generar y cómo plantar a los discípulos en el Reino. Así, ellos darán frutos porque fueron plantados y cuidados.

2. Acompañarlos según el nivel en que cada uno está

El discipulador es como un guardián de la vida del discípulo, y eso en todas las áreas. Él es el responsable espiritualmente por el hijo en la fe que Dios confió en sus manos. Por eso es importante acompañarlos para conocer las necesidades que tienen, la vida espiritual, emocional, afectiva y material. El seguimiento hace del discípulo un líder de éxito.

3. Amar sin derecho a la renuncia

Quien ama no desiste. Quién ama cuida. Aunque amar al discípulo sea un desafío diario para el líder, es preciso amar como Jesús ama. Dios no descarta a nadie. Debemos parecernos a Él y no desistir de aquellos que Dios nos entregó. Vamos a amar a los discípulos y hacer de cada uno de ellos un líder de excelencia, un hombre y una mujer de Dios. Cuando amamos, nos convertimos en uno y esa es la voluntad de Dios para nosotros, Iglesia de Cristo.

Visualizações: 98

Plano de Leitura Bíblica

10 Dez
Jó 12
Naum 1 e 2
Tiago 5
11 Dez
Jó 13
Naum 3
I Pedro 1
12 Dez
Jó 14
Habacuque 1
I Pedro 2
13 Dez
Jó 15
Habacuque 2
I Pedro 3 a 5
14 Dez
Jó 16 e 17
Habacuque 3
II Pedro 1 e 2
15 Dez
Jó 18 e 19
Sofonias 1
II Pedro 3
16 Dez
Jó 20
Sofonias 2
I João 1 e 2